Seguramente algún día no hace mucho tiempo atrás al encender tu televisor por las mañanas, te topaste en canal trece con un programa de la PBS y un loco pintor de cabello áfro frente a un caballete y una enorme paleta de acrílico transparente, que sin duda alguna con su pásión y gran carisma, te entusiasmó más de una vez a tomar un pincel para crear un paisaje. El mundo de Bob Ross no fué siempre rodeado de nubes perezosas y arbolitos felices, como pensaban sus espectadores, el perteneció durante diez años, a la fuerza aerea de los Estados Unidos donde aparentemente habiá gritado lo suficiente en su vida. El hizo entonces la firme promesa de que el día, que dejara la fuerza aerea jamás volvería a gritar y cumplió su palabra.

Yo fuí de aquellas personas que al ver su apacible sonrisa y vocabulario "dulce" al pintar, quedó cautivada no solo de su técnica, sino de la enorme capacidad que tenía para involucrar a la gente no a realizar una gran obra maestra sino a vivir el arte por sí misma.
Muchos críticos decían que su método solo te llevaría a pintar como el y que nunca como su discipulo encontrarías tu propia voz.
Yo creo que eso puede suceder en cualquier sistema de instrucción ya sea en la universidad, en un libro o en un video, y pude comprobar que lo que Bob Ross ofrecía era el punto de partida, y como en todo, depende de uno que dirección tomar y la voluntad propia, para seguir creciendo como artista.
A pocos meses de mi entrada a la escuela de Artes Visules Chisholm Institute en Melbourne Australia, hubo una competencia a la cual David me animó a participar. Tenía tan solo una noche y media mañana para realizar una obra digna de dicha competencia. El único metodo que tenía en mis manos en ese momento para manejar óleo, fué precisamente la técnica humedo sobre humedo de Bob Ross, así que como el decía, -"no habría errores, solo sucesos felices"- y comencé.
Su Titulo fué " Gum Trees" ( Eucaliptos) con la cual para mi gran sorpresa, obtuve el segundo lugar.
Mi primera étapa como artísta fué definida de alguna forma por éste loco pintor que con su pasión , al sacudir efusivamente su brocha de dos pulgadas contra las patas de su caballete, salpicaba sus creencias de que todos y cada uno, llevamos un artista dentro y que solo falta que lo intentes tomando un pincel y desbordando los colores para descubrirlo, no importa que sea en un paisaje, quiza en un retrato, en una creación abstracta o en una obra con un gran realismo.
Ahora desde una gran nube felíz ve apacible el mundo el Señor Bob Ross.
Agradecida por siempre con todos mis colores...