Hace algunos día comencé nuevamente la aventura entre tintas, placas y artefactos de grabado.
Aún hay tanto que aprender.
El grabado es fascinante, es un misterio y al mismo tiempo encierra en sus técnicas, ese toque de sorpresa inevitable al imprimir por primera vez en un bonito papel de algodón bajo la presión de una presa.
Cada vez que mi memoria recobra el conocimiento de cada paso el corazón se me vuelca en una pasión que abarca desde mi mente que crea la imagen, hasta mis manos que complacen la idea, que yace abstracta, enredada entre dendritas y axones de mi artístico cerebro. Son choques electrizantes que se vuelven imagen.
Aún hay tanto que aprender.
